Eso es lo que faltó. Una bendición, un milagro que quite el sopor del partido que Atlanta y Armenio protagonizaron: pálido, tosco, definitivamente malo.
En el primer tiempo la visita puso sus naipes en juego. El manejo certero de la pelota desde el mediocampo hacia adelante no alcanzó para hacer trabajar a Llinás. El Bohemio, al menos en la primera mitad no acusó recibo de que jugaba de local y estaba obligado a ganar para no perder completamente el tren para pelear el campeonato.
Alguna novedad: Agüero abandonó el habitual esquema de tres en el fondo y agregó un hombre en la última línea, como para no tener problemas por los costados. Así, Marecos y Guzmán no tuvieron necesidad de retrasarse tanto para defender y pudieron volcarse al ataque, lo que mejor hacen.
El complemento, el Bohe salió con un tanto más de decisión, pero con igual impresición. Con estas fórmulas, Atlanta y Armenio intentaron animar 90 minutos que, por momentos, parecieron insufribles.
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