
En la primera C, en Lamadrid, los dos jueces de línea se golpearon en el entretiempo y el partido siguió sin uno de ellos; en la D hubo serios incidentes en Lugano vs. San Martín (B)
La violencia volvió a dar la nota en el fútbol de ascenso, esta vez en un formato poco común. La crónica habitual habla de incidentes entre jugadores, desbordes en la tribunas, aprietes de barras, y muchas otras calamidades que sacuden el fútbol vernáculo. Pero ayer se dio una nota insólita en el partido por la primera C en el que General Lamadrid, como local, venció por 2 a 1 a Luján, por la 35» fecha. Los dos jueces de línea, Gastón Fernández Delanda y Daniel Rebusini, se tomaron a golpes de puño en el vestuario durante el entretiempo -no trascendieron los motivos- ante la atónita mirada del árbitro Antonio Amato.
La peor parte de la pelea se la llevó Fernández Delanda, que terminó con un corte debajo del ojo izquierdo, motivo por el cual fue derivado a un hospital para su atención. No obstante, el juez Amato igual salió a la cancha para re- iniciar el choque, acompañado sólo por el línea Rebusini. Los intentos periodísticos de interrogar a este último tras el partido fueron infructuosos.
El ex árbitro Miguel Scime, la máxima autoridad de la Dirección de la Formación de Arbitros (DFA), tomó nota del grave suceso y, al ser consultado, manifestó: "Por supuesto que me enteré de lo que pasó entre los dos líneas. He recibido muchos llamados, y desde ya sólo puedo decir que es una situación muy lamentable. En la cancha de Lamadrid estaba como veedor de la categoría C otro ex juez, Luis Pasturenzi, pero no puedo anticipar nada de su informe. Ya hablé por teléfono con los tres, el árbitro Amato y los líneas Fernández Delanda y Rebusini. Para tener una versión más clara de por qué se produjo el incidente los convoqué a los tres para este lunes, a las 13, en la oficina que mi dependencia tiene en el predio de Ezeiza. Desde ya, esto no puede quedar así, en una anécdota, y seguro habrá una sanción".
Otro foco de violencia se vivió también ayer, en un partido de la última categoría del fútbol argentino, la primera D, en la igualdad sin goles entre Lugano y San Martín, de Burzaco. Durante el partido, jugado con pierna fuerte, como ocurre habitualmente en las categorías menores, fueron expulsados Cristian Infrán, en los visitantes, y Pablo Burgueño, en Lugano. El clima se mostraba ya enrarecido por la discreta labor del árbitro Angel Bracco, aunque lo peor llegó cuando finalizó el cotejo.
En ese instante, el entrenador de San Martín, Guillermo De Luca, cayó desplomado por efecto de un piedrazo, aunque nunca perdió el conocimiento. Sus jugadores, enardecidos, salieron en su defensa y comenzaron a arrojar también piedras a la tribuna local, lo que provocó un caos generalizado, que se prolongó por alrededor de cuarenta y cinco minutos, durante los cuales los futbolistas visitantes no pudieron abandonar la cancha.
Hubo un intento policial de llevar detenidos a los futbolistas de San Martín Infrán y Luis Noguera, que quedó luego en la nada.
Fue una jornada más de violencia en el fútbol de ascenso, casi una costumbre, por cierto desalentadora, de los fines de semana. Las muchas recetas ensayadas, entre ellas la de no permitir el ingreso del público visitante, parecen insuficientes para detener del todo la propensión al escándalo.
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